"Los niños son la arcilla orgánica y el molde conque y donde las palabras se amasan y crepitan para contar la (su) historia, y le regalan al autor ese tiempo enrarecido que abriga y propicia el estado de trance que es el de la creación (por eso se parece tanto al que viven los niños cuando juegan en pretérito imperfecto: 'Yo era el bueno y hacía así...' " (Joel Franz Rosell)
Siguiendo la idea de Rosell en la cita al comienzo de esta entrada, los niños van a ser lo fundamental dentro de este proceso, pues podríamos llamarlos el primer ingrediente para comenzar la preparación de la literatura infantil. Pero, este ingrediente no solo será necesario para que el escritor se adapte a las necesidades y limitaciones de él como destinatario, sino que, como agrega el mismo Rosell, "como el aprovechamiento de las potencialidades expresivas de ese receptor, que no es un adulto en miniatura o en constitución, sino que posee maneras propias de interpretar y representar el mundo".
De acuerdo a lo antes dicho, entonces, al hablar de literatura infantil no hablaremos solo de libros adaptados para que lleguen a ser leídos por niños, sino que de una construcción conjunta entre un autor que tiene diversos propósitos y un receptor que utiliza su mundo propio para completar este proceso de interpretación y representación de la obra literaria.
Teresa Colomer, por otro lado, añade un tema importante a la producción de literatura infantil, y esto es cómo los distintos momentos histórico-sociales han influido en la manera de hacer literatura para niños. Y es que no pasa desapercibido leer una obra literaria de principios de siglo XX a un niño nacido en el siglo actual, pues muchas cosas han sufrido modificaciones, desde el concepto de familia hasta los intereses propios de los niños y jóvenes. Así aparecen entonces textos que ya no corresponden al papel con palabras y dibujos solamente, sino que mezclan los avances de la tecnología con la literatura o, más simple pero no menos interesante, transforman los libros en juegos, como es el caso de los libros interactivos.
Es posible ver por lo tanto que determinar qué es la literatura infantil no pasa simplemente por entregar una definición, sino que involucra cientos de factores que siguen en desarrollo con el tiempo y que se van adaptando a los tiempos, que no pasa solamente por el propósito que tenga el productor de la obra literaria, sino que involucra a todo el polisistema literario, que debe tener en cuenta a sus destinatarios y/o consumidores, así como también a los mediadores y los demás factores que conforman el circuito.
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